Bien decían "barriga llena, corazón contento", Wanda Ackermann acababa de almorzar y aunque era lunes y tenía una tonelada considerable de deberes que hacer estaba de lo más animosa, esa sonrisa de oreja a oreja que exhibía mientras salía del gran comedor era absolutamente reveladora; y es que era Diciembre, no era cualquier mes, era el fin de año y con ello la fiesta que más adoraba la rubia: navidad. Si había algo que amaba más incluso que las propias frituras (que por cierto las comía en cantidades industriales) era esa festividad, en parte porque las pasaba en casa y cocinaba un montón de galletas, queques y no había persona más feliz que ella con su taza de chocolate caliente y muffins, visitaba a sus amigos, hacía regalos, recibía otro tanto, todas las casas decoradas y Hogwarts lucía maravillosamente hermoso, eso sin contar además la nieve que pintaba los paisajes de un blanco maravilloso y brillante.
En resumen, diciembre ponía a Wanda de buen humor, más del acostumbrado, incluso la considerable cantidad de chismes que solía publicar durante el año disminuían un poco durante esta época, dado que la chica se la pasaba ocupando su tiempo en otras cosas.
La chica miró hacia afuera y vislumbró un hermoso paisaje, uno tan hermoso que no se pudo contener las ganas de salir y caminar un rato por ahí, tenía la capa de invierno ya puesta y en sus bolsillos los guantes y un gorro, mientras salía iba cubriendo sus manos y su cabello. Un paso tras otro, una persecución a una extraña ave y sin darse cuenta sus pasos la habían llevado hacia un sitio que rara vez visitaba, el linde del bosque prohibido. Estaba por devolverse al castillo y alejarse de ahí cuando una silueta le llamó la atención, estaba de espaldas, observaba el bosque apoyado en lo que alguna vez había sido un árbol y ahora sólo un tronco, dos segundos y el reconocimiento fue instantáneo, ¿quién sino Matthew Wattgryffe? Era el lugar, la chica lo sabía...
Wanda se acercó hasta posarse junto a él, a su costado, subió el rostro mirándolo ya con la sonrisa en la mirada y los labios.
- ¿No te da miedo? A veces me da miedo pensar meterme en ese bosque ¿A que sí? Aunque no es que sea cobarde, pero tampoco soy estúpida ¿sabes? Col me dice que hay un montón de criaturas extrañas ahí, la otra vez escuché a un chico de séptimo decir que incluso una manada de mantícoras vivían en una parte del bosque ¿Crees que hayan? ¿No sería genial encontrarse con una? Aunque seguro que sería lo último que verías en tu vida, las mantícoras tienen peor genio que McGonagall, ¿A que si?
Monólogo típico en la chica, pero sobre todo si se trataba de él, Wanda siempre encontraba la forma de hacerle distraer su mente de cualquier evento del pasado que lo pusiese triste, a la chica no le gustaba verlo cabizbajo o nostálgico, era su amigo y sentía la necesidad de hacer aparecer una sonrisa en el rostro del chico. Se balanceó hacia delante y hacia atrás meciendo sus pies y sus brazos.-¿Cómo has estado Matty?
Por la locura que había cometido el pasado treinta de noviembre en la noche de luna llena, ya llevaba más de una semana con un resfriado. Así era, siempre que la dama nocturna estaba en su máximo poder, Matthew no podía evitar querer sentirla como si fuese un mismisimo lobo; es por eso que en aquella ocasión había salido descalso y con tan solo pantalones y una camisa con su capa, para enfrentarse a los 6ºC. Obviamente ahora estaba pagando el precio, pero no se arrepentía para nada y de hecho, lo volvería a hacer.
De todas formas, no era que el resfrío le preocupara. Nuevamente y como era muy común en él, el recuerdo de Jeanne tocó su corazón y se puso a recordar absolutamente todo. La había conocido en la Lechucería, mientras el buscaba la lechuza adecuada para mandarle una carta a su madre, ella había aparecido, y como estaban solos se pusieron a hablar. Luego llegó el primer beso, en un precioso árbol del Bosque Prohibido... árbol del que solo quedaba con suerte alguna rama aferrada al tronco. Finalmente, la unión del amor había sido en las Mazmorras... su primera relación sexual... y debía de admitir que había sido muy malo, pero se las había ingeniado para seguir el ritmo de ella, que al parecer (se notaba bastante) tenía más experiencia.
En fin, muchos recuerdos llegaban a su mente... hasta cuando había estado con ella nadando bajo el Lago. Una tras otra las memorias daban un puntazo en su cerebro, golpeando al corazón de rebote... y sin lugar a dudas, lo que más recordaba, era aquel beso... su primera experiencia con una mujer, el más puro sentimiento que había sentido jamás, cargado con un nivel increible de timidez que tampoco había sentido hasta aquel momento en que los labios de Jeanne se unieron con los suyos. La extrañaba muchisimo, no podía engañar a nadie sobre aquello y mucho menos a algún amigo cercano... ni siquiera había que ser de la manada para darse cuenta que algo le faltaba. A diario se preguntaba, si llegaría la ocasión en que se volviera a enamorar... y como debería reaccionar ante eso... pues no quería que su ex novia se sintiera traicionada allí arriba. Está bien, habían discutido... pero si hubiesen podido hablar... si tan solo ella hubiese intentado afrontar la vida, seguramente estarían juntos aún.
Sacudió la cabeza, dió un nuevo mordisco al pan y se levantó de la mesa. Tenía puesto el uniforme escolar casi perfecto... y digo casi porque no llevaba su corbata. Lo que si tenía encima, era una bufanda de Slytherin plateada y verde que cubría su cuello. No era que le agradara usar esa cosa, pero tampoco le disgustaba, y además necesitaba usarla o se enfermaría aún más, cosa que no quería. Luego de salir del castillo para pasear un poco se dirigió hacia el Bosque Prohibido, en busca de lo único que había quedado de aquel recuerdo, de aquel momento: El Árbol.
Llegó hasta allí y se apoyó en él, luchando consigo mismo para no llorar, y lográndolo por cierto, aunque con bastante dificultad. Entonces fue que escuchó una voz bastante conocida que decía muchas cosas. Sonrió y dió media vuelta, encontrandose con Wanda.
- No, no me da miedo. Lo que si es seguro es que aquí puedes encontrarte cualquier clase de criatura, ahi tu amigo tiene razón. En cualquier momento podríamos toparnos con cualquier ser vivo dentro de este lugar, por eso mismo hay que estár atentos ante todo... y más aún si aquello de que las Manticoras tienen peor genio que McGonagall es cierto - Rió. Era raro, hasta ahora él solo había logrado sonreir levemente, y tal vez en alguna ocasión haya sonreido sinceramente. Pero no había reído, no hasta entonces. La presencia de la Hufflepuff siempre lo ayudaba, por estár tan cargada de vida en su interior, lo cual reflejaba a traves de aquellas palabras. - He estado bien, Wandy... ¿tú que haces por aquí? - le preguntó viendo como se balanceaba, graciosamente.